Die handhabung

Nuestro interés por los Usos del síntoma parte del descubrimiento freudiano:  la “histerización” del síntoma. Esa señal del deseo y signo de un goce padecido, que puede encontrar en el psicoanalista una manera diferente de responder. Porque su quehacer se asimila más al del artesano que al del médico. Un método que se vale esencialmente de la palabra interpretativa, pero que encuentra en el manejo de la transferencia las estrategias para sustentar su acto. Freud lo intuyó al tratar el síntoma, lo halló en el análisis de sus propios sueños, y lo expuso en toda su dimensión al hablar del “uso (handhabung) que en el tratamiento psicoanalítico es preciso darle a ese arte interpretativo”.

DIE HANDHABUNG, expresión de la lengua alemana que Freud utiliza para referirse a dicho arte de la interpretación, puede traducirse por “el uso”, “el empleo”, “el manejo” o “la maniobra” misma del psicoanalista, incluso su “manipulación. Términos que designan una práctica más que una profesión. Una gimnasia de un “hacer con la mano” cuyo objeto no es el individuo que solemos llamar “paciente” sino su síntoma. Por eso entendemos que en la práctica del análisis lo que cuenta no es precisamente la técnica, ni siquiera para el caso de la interpretación a la que Lacan ubicó en su justo lugar adjudicándole el nivel de la “táctica”. Mucho menos importante resulta la técnica en el nivel de la transferencia y queda totalmente fuera de juego en el juicio ético inherente a toda cura. Resulta indispensable comprender, entonces, que no se trata de la aplicación de un “manual” (handbuch) de procedimientos técnicos sino de las “manualidades” (handhabung) de la intervención analítica.

Recordemos que esta suerte de “intervención manual” tiene sus primeros antecedentes en la técnica freudiana de “presionar con la mano” la frente de sus pacientes histéricas, para que el síntoma pase del cuerpo a la palabra. Es cierto que eso no pasa fácilmente. La experiencia muestra que el síntoma también expresa su gimnasia y suele resistirse a los “manotazos“. Testimonio de ello, la histérica, aquella que con una de sus manos baja su pollera cubriendo su sexo ante la agresión del seductor imaginario, al mismo tiempo en que con la otra mano la levanta provocativamente. O Dora, que con su manotazo propinado al Sr. K actúa una posición ante la misma fantasía que no logra poner en palabras. Incluso el Hombre de las ratas, bajo el modo de una gimnasia obsesiva, tira la piedra y esconde la mano con la que se regocija antes de ir nuevamente a recogerla.

Sigmund Freud fue sensible a estas contorsiones del síntoma, y su gimnasia, la analítica, le permitió ir tensando los hilos de un procedimiento que va más allá de lo estrictamente psicoterapéutico. Jacques Lacan también hizo lo propio, extendiendo el campo de los usos del síntoma a las psicosis y las perversiones. ¿Cómo lograr aprehender ese modo de proceder? ¿Cómo transmitir mediante una enseñanza esa Handhabung freudiana? 

En la cátedra de Usos del síntoma nos interesa insistir en que toda enseñanza tiene relación con un saber, pero que enseñar es sobre todo indicar un camino, aportar una orientación. Así lo hizo Jacques Lacan, a su manera y con su estilo. Vale la pena recordar que aún en el final de sus días, cuando la técnica ya le hubiera permitido hacer uso de recursos tecnológicos mucho más avanzados, prefirió seguir escribiendo en el pizarrón y realizando su gimnasia tan particular de “mostración” de sus nudos, siempre con las manos. Por estas razones, nuestra modalidad de trabajo se apoya en los medios propios y los dispositivos específicos de la enseñanza universitaria, pero sin descuidar las vías genuinas de la transmisión del psicoanálisis: no olvida su fuente, confía en sus trayectos y comparte su meta.